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Para Babs

Una interrupción

Una interrupcion

Antonia Scott solo se permite pensar en el suicidio tres minutos al dia.

Para otras personas, tres minutos pueden ser un periodo minusculo de tiempo.

No para Antonia. Diriamos que su mente lleva muchos caballos debajo del capo, pero la cabeza de Antonia no es como el motor de un deportivo. Diriamos que es capaz de muchos ciclos de procesamiento, pero la mente de Antonia no es como un ordenador.

La mente de Antonia Scott es mas bien como una jungla, una jungla llena de monos que saltan a toda velocidad de liana en liana llevando cosas. Muchos monos y muchas cosas, cruzandose en el aire y ensenandose los colmillos.

Por eso en tres minutos —con los ojos cerrados, sentada en el suelo con los pies descalzos y las piernas cruzadas— Antonia es capaz de:

– calcular la velocidad a la que impactaria su cuerpo contra el suelo si saltara desde la ventana que tiene enfrente;

– la cantidad de miligramos de Propofol necesarios para un sueno eterno;

– el tiempo y la temperatura a la que tendria que estar sumergida en un lago helado para que la hipotermia imposibilitara los latidos de su corazon.

Planea como conseguir una sustancia controlada como el Propofol (sobornando a un enfermero) y saber donde esta el lago helado mas cercano en esa epoca del ano (Laguna Negra, Soria). Sobre saltar desde su atico prefiere no pensar, porque el ventanuco es bastante estrecho y ella sospecha que la comida repugnante que le sirven en la cafeteria del hospital esta yendo directa a sus caderas.

Los tres minutos en los que piensa como matarse son sus tres minutos.

Son sagrados.

Son lo que la mantiene cuerda.

Por eso no le gusta nada, nada, cuando unos pasos desconocidos, tres pisos mas abajo, interrumpen el ritual.

No es ninguno de los vecinos, reconoceria la manera de subir las escaleras. Tampoco un mensajero, es domingo.

Sea quien sea, Antonia esta segura de que viene a buscarla. Y eso le gusta aun menos.

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