O Todo Lo Que Estaba En Juego Era La Intimidad De

o todo lo que estaba en juego era la intimidad de los padres y el escandalo. Pero ahora no. Ahora hay vidas en juego. Carla Ortiz, y tambien su chofer. Que parece que solo ha desaparecido ella, hostias —dice Jon, dando una palmada en el volante.

Es un buen argumento, y Jon nota como Antonia lo absorbe y lo procesa lentamente. El inspector se pone a contar los coches que pasan en ambas direcciones. Gente con prisa, gente con vidas que va a sitios, sitios donde otras personas les esperan despiertos.

Dios, que cansado estoy.

Once coches hacia el norte y seis hacia el sur despues, Antonia responde.

—No podemos decir nada aun. Lo que ha descubierto Parra sobre el chofer es una causa probable. El chofer tiene movil, medios y oportunidad. Seria mejor que averiguasemos algo por nuestra cuenta antes de contarles nada sobre lo del asesinato de La Finca. Incluso aunque quisieramos hacerlo.

—Tu no quieres.

Antonia se encoge de hombros.

—Por lo general suele ocurrir que cuando me llaman a mi es porque la cosa es tan dificil que los demas tienen muchas posibilidades de cagarla.

En algo tiene razon, piensa Jon. Si algo puede poner cachondo a Capitan Musculitos es una foto suya en primera plana de los periodicos, ayudando a la rica heredera de la fortuna mas grande del mundo a salir de dondequiera que la tengan escondida. Una oportuna llamada en el momento adecuado. No es cuestion de si el secuestro de Carla Ortiz va a ser del dominio publico o no, es cuestion de cuando lo sera. Y si encima le sumas el otro caso

—Vale, yo tampoco confio en Parra, pero eres tu la que ha dicho que su teoria sobre el chofer tenia visos de realidad. ¿De verdad crees que puede ser el quien ha secuestrado a Carla Ortiz?

—Tenemos que comprobarlo antes de decidir que hacer. Pero si el chofer sigue vivo a estas horas, te invito a otro mixto con huevo —dice Antonia con una sonrisa lugubre.

—Entonces ¿que vamos a hacer? —dice Jon, poniendo el coche en marcha.

—Por ahora, comer algo. Estoy muerta de hambre.

—Son las cuatro de la manana.

—Tu conduce, anda.

Carla

Carla

Cuando Ezequiel se marcha, cuando el silencio vuelve, el tiempo desaparece.

Estamos tan acostumbrados a el, tan inmersos en nuestra realidad cotidiana de trabajo, comida, conversacion, sueno, que hemos dado el tiempo por sentado. El natural transcurrir de los dias, los pequenos desafios, las alegrias, las frustraciones, se convierten en todo nuestro horizonte. El tiempo mismo se vuelve un sedante que nos anestesia acerca de la unica realidad indiscutible. Todo lo que somos, lo que tocamos, lo que masticamos, lo que poseemos y nos follamos, a lo que hacemos dano y lo que nos lo hace, existe en un aqui y ahora que comienza en nuestra piel y acaba en nuestros pensamientos. Cuando a Carla le retiran el tiempo, esa crudelisima realidad es todo lo que queda.

Esto es lo que eres, esto es lo que hay.

Es tan dificil de asimilar esa realidad que dedicamos toda la vida a evitarla. Nuestra sociedad, nuestra cultura, nuestro cerebro. Los tres pilares de una perfecta obra de ingenieria dedicada a un unico fin: esquivar la insoslayable verdad de la carne. Que es una prision que se desmorona.

Cuando te quitan el tiempo, te quitan el velo de delante de los ojos.

Es inaceptable.

Lo seria para cualquiera en su situacion. Para Carla Ortiz, la nina que crecio como princesa sabiendo —por mas que sus padres quisieron protegerla, hay empenos imposibles— que seria reina, lo es aun mas.

Asi que Carla, aun en posicion fetal, con las manos tapandose los oidos, se instala en el no.

Es una propiedad bastante confortable.

Ella es Carla Ortiz, la heredera del hombre mas rico del mundo. Dentro de unos anos —muchos, espera, no tiene prisa, ama tanto a su padre, pero es ley de vida— sera, a su vez, la mujer mas rica del mundo. La mujer mas rica del mundo no puede haberse quedado sin tiempo, a sus treinta y cuatro anos.

Ella, simplemente, no esta alli. Esto no esta sucediendo.

Esta en una competicion, a punto de salir a la pista. Comprueba las cinchas de Maggie, dos veces, como siempre. La brida, las botas. Golpea dos veces con el tacon en el suelo, antes de montar. Por la buena suerte.

No, no estas ahi. ¿Donde estan

tus botas, tu casco, tu fusta?

No, esta en la oficina, preparando su informe. El informe importante. El informe que demuestra que lo ha hecho bien. Que un ano mas ha peleado por ganarse la aprobacion de su padre, que nunca acaba de llegar.

No, no estas ahi. ¿Donde esta

el puntero laser, tu ordenador, la pantalla?

No, esta en casa, con su hijo. Es de noche, y el quiere ver otro episodio de El Asombroso Mundo de Gumball, o de Bob Esponja, o de Rexcatadores. «Solo uno mas, y a la cama.» «Y luego un cuento, mami.» «Si, y luego un cuento.»

No, no estas ahi tampoco.

Es entonces cuando llega la ira. Porque no lleva sus botas puestas, ni esta frente a una presentacion de Power Point en la larga mesa de caoba de la sala de juntas de la oficina, ni puede oler el pelo de su hijo recien banado —el mejor aroma del mundo.

¡Soy Carla Ortiz! ¡Esto no puede estar pasandome!

Abre los ojos. Te esta pasando.

No es justo. Soy una buena madre, cuido de mi hijo. Soy una buena hija, soy una buena profesional. Soy una buena amazona. Soy una buena persona. Desde que he nacido, toda mi vida he dado el maximo, me he portado bien con las personas que me rodeaban.

No es justo.

La vida no es justa.

Tengo muchas cosas que hacer. Tengo que dirigir una empresa, tengo que criar a un hijo. Tengo toda la vida por delante. Estas cosas le suceden a… otras personas.

¿A que personas?

Carla quiere ignorar la voz que escucha —tan nitida, a su lado, tendida en la oscuridad—. La voz que rebate cada uno de sus pensamientos. Pero esa pregunta si que la contesta.

—A otras personas que no son yo —susurra.

Y, sin embargo, aqui estas.

Esto deberia estar pasandole a otro.

¿A alguien viejo?

¿A alguien pobre?

Alguien… ¿prescindible?

Carla esta llorando, de rabia y de asco de si misma. Porque la respuesta es si. Ahora mismo cambiaria a cualquier persona por ella misma. A cualquier desconocido. El pensamiento es tan vivido, tan fuerte, que por un instante se ve de vuelta en La Coruna, caminando por el paseo Maritimo. Un rio de gente camina hacia ella, y Carla se abre paso entre la multitud, eligiendo quien. A quien encerraria en la oscuridad, para poder seguir ella viva, libre, feliz. Intacta. Todas las personas con las que se cruza, vuelven la cabeza en su direccion. Una monja, una madre, un ciclista, un jubilado con su nieto de la mano. Todos la miran, con sus expresiones vacias y sus vidas vacias e insignificantes, y a todos y cada uno de ellos los cambiaria por ella, sin dudar ni un solo segundo. Intenta agarrar del brazo a uno de ellos, y luego a otro, para arrastrarlo, para empujarlo a la negrura que avanza, que viene hacia ella. Todos la esquivan, y ella sigue caminando, y todos desaparecen, y solo queda Carla en la oscuridad.

Ella, y la voz.

No eres especial.

Solo te crees especial.

Pero nadie lo es.

Si, ella si que es especial. Es Carla Ortiz. Es la jefa de miles de personas, y dentro de unos anos —muchos, espera, no tiene prisa, ama tanto a su padre, pero es ley de vida— sera la jefa de cientos de miles. Cuando sale a la calle, hay paparazzi esperando en la puerta. Cada gesto suyo, cada palabra, cada conjunto que viste genera noticias, fotografias, comentarios. Su padre es un hombre poderoso, con contactos importantes. Ahora mismo su desaparicion es portada en todos los medios de comunicacion del planeta, es trending topic mundial. #DondeEstaCarla, o quizas #BringBackCarla. Toda Espana estara pendiente de encontrarla, atenta a la mas minima pista. Un pais entero apoyando al ejercito que su padre habra reclutado para rescatarla.

En un instante, su fantasia es ya una verdad tangible. Es cuestion de horas, quizas de minutos, que un monton de hombres uniformados irrumpan en este lugar, arranquen esta puerta de metal, la lleven con su hijo. Su padre estara esperando afuera, y tambien los periodistas. Carla tendra el gesto cansado, pero la mirada serena y la cabeza alta. Saludara con una sonrisa timida, pero fuerte. Que quede muy claro que no la han quebrado. La foto dara la vuelta al mundo. Y dentro de unos meses, cuando sea prudente, ella dara su primera entrevista, una entrevista muy bien escogida con una periodista de confianza, a la que le contara su ordalia. Y eso sera una excelente publicidad para sus marcas, que llevan las mujeres fuertes de todo el mundo, y las ventas subiran mucho, y su padre por fin la querra mas que a su hermanastra.

Es cuestion de horas. Quizas de minutos.

5. Una contraseña

5

Una contrasena

Antonia guia a Jon hasta un bar cerca de la glorieta de Embajadores. Afuera, una convencion de taxis. Dentro, un rebano de taxistas hambrientos. El sitio es un chigre infecto, a una sola cucaracha de que lo cierre una inspeccion de Sanidad. Pesadilla en la Cocina se negaria a grabar aqui, piensa. Pero luego llega la comanda y oh, los prejuicios. Al inspector Gutierrez le sirven un tercio y un entrecot con pimientos —tan grande que tiene su propio codigo postal— que le hacen reconciliarse con la humanidad. Antonia se conforma con un bocadillo de lomo con queso y un vetusto pincho de tortilla recalentado al microondas.

Por Dios, que mal come esta chica. No se como esta tan delgada. La cabeza debe consumirle mucha gasolina.

—Por cierto —dice Jon, cuando acaban de comer—. ¿Y esa placa que has sacado antes?

—Es de verdad. O todo lo de verdad que puede ser un trozo de plastico que no significa nada. Mentor me consiguio varias.

—Es una caja de sorpresas, tu amigo.

—Es un hijo de la gran puta.

Intuyo un pero, piensa Jon.

—… pero lo que hace, lo que hemos hecho… ha servido de algo. Siempre. Con sus costes —dice Antonia, y el rostro se le ensombrece.

El sonido de la tele —Canal 24 horas en bucle— ocupa el espacio entre ambos durante un rato.

—Nada que me quieras contar.

—Son mis cosas —esquiva Antonia. De pronto, se rie.

—¿Que te hace tanta gracia?

—Nada. Antes me has llamado tu companera. ¿Ya no soy una carga de la que librarte cuanto antes?

Jon se cruza de brazos. Pregunta importante, que merece respuesta detenida. Si, Antonia Scott es insoportable, reservada, mandona, tiene un mal gusto terrible a la hora de comer, es impredecible y lo mas probable es que este loca de atar, o a un empujoncito de estarlo.

Pero.

—Si, eso creo. Nos hemos visto envueltos en esto, y lo suyo es que te ayude hasta el final. Tampoco es que haya nada esperandome en Bilbao. Solo amatxo con el bingo y las cocochas.

—¿No tenias un companero en la comisaria?

—Se jubilo hace tres meses. Buen tio. Muy gracioso. El Cristiano Ronaldo del Scrabble. Le echo de menos.

—¿Novio?

—Ahora mismo no. ¿Y tu?

—Marido. Ya sabes donde esta.

—¿Desde hace cuanto?

— Tres anos.

—Ya. Y tu tienes treinta y ¿cuantos?

—Treinta y no te importa —dice Antonia, tirandole una servilleta arrugada y grasienta.

—Pues eso. Que el cuerpo te pedira ritmo de la noche de vez en cuando.

Antonia se ruboriza de forma inmediata. El efecto es asombroso, sus mejillas se ponen de color grana en cuestion de un segundo. Jon no habia visto algo asi desde Heidi, y aquella nina era un dibujo animado.

—No me fastidies… vaya con la senorita Scott… Asi que le has dado a los polvos de una noche. Bien por ti —dice Jon, levantando su cerveza y apuntando el cuello hacia ella.

Antonia abre la boca, va a tratar de negarlo, pero se da cuenta de la futilidad del gesto.

—No es para celebrarlo. No estoy orgullosa —dice, muy seca.

—Chica, el cuerpo quiere lo que quier

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