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Madrid, 14 de junio de 2013

Madrid, 14 de junio de 2013

El hombre alto y delgado se restriega los ojos de puro cansancio. Y la jornada ni siquiera ha empezado.

El escenario de esta semana es una aproximacion nueva al problema. Hasta entonces habian estado usando una combinacion de test de personalidad con pruebas de inteligencia. El hombre alto esta especializado en psicologia cognitiva y en analisis del comportamiento. Pero no le ha servido de mucho hasta el momento a la hora de identificar pruebas validas. Ha probado las mas glamurosas, disenadas por la CIA, FBI, MI6. Todas ellas se quedaban cortas en lo esencial. Reflejaban la inteligencia del candidato, pero no su capacidad para la improvisacion.

A quien quiero enganar. El problema es la materia prima.

Esta semana estan probando algo distinto. El test ha sido disenado por una entidad mucho menos sexy que las agencias de inteligencia: una multinacional petrolera. Lo usan para evaluar las reacciones a una situacion de crisis con final imposible. Al hombre alto le parecio mas divertido que util cuando la asistente se lo propuso, pero seria un cambio interesante despues de tantas pruebas repetitivas e infructuosas. O eso pensaban. Despues de varias decenas de intentos, esta resultando tan ineficaz como los anteriores.

—Al menos nos ahorramos recitar la lista de cosas que lleva el sujeto en la nave espacial.

—El test de la NASA es muy util —dice la asistente, dandole un sorbo al cafe.

El hombre alto la mira de reojo con envidia. Se muere de ganas de meterle cafeina al cuerpo, pero sabe que si toma un tercer cortado antes de comer, pasara la tarde de un humor insoportable. Aun mas insoportable.

—Por el amor de Dios, hasta mi abuela sabria que si se queda abandonada tendria que elegir el oxigeno antes que el agua. Y que la brujula o la pistola no deben cogerse. ¡Estan en la luna! En fin, empecemos. ¿Quien es el primer candidato de hoy?

—Numero 793. Veintiseis anos. Ingeniero industrial.

—Que entre.

La asistente aprieta un boton en el teclado frente a ella, y la puerta se abre.

Se encuentran en la facultad de Psicologia de la Universidad Complutense. Nada mejor para camuflar aquellas pruebas y que nadie sospeche en absoluto que hacerlas pasar por ensayos estudiantiles. Y el lugar es apropiado. Una sala blanca, sin ventanas, en la que se puede controlar la temperatura, provista de visor unidireccional. Cristal por un lado, espejo por el otro. Una cabina de control y unos altavoces.

Al hombre alto y delgado le hizo gracia el sitio cuando comenzo el proceso de seleccion, hace casi un ano. De familia bien, habia cambiado la proteccion del hogar paterno por la proteccion, de los estudios primero, del Fischer Institute despues. Su vida habia sido mas bien aburrida. Por eso al entrar en el laboratorio habia sentido una extrana sensacion. Se sentia como en una pelicula de espias. O en Gran Hermano.

—Me siento como en una pelicula de espias.

—O en Gran Hermano, ¿verdad? —habia dicho la asistente.

Al hombre alto le caia bien. Es una buena persona. Flor mananera. De esas que llegan al trabajo como una rosa despues de haber corrido cinco kilometros y que ve siempre el lado positivo de todo. Con el tiempo ha ido mejorando su opinion de ella. Hay dias en los que ya casi no quiere estrangularla, ni a ella ni a la coleccion de tarados, cerebritos y bichos raros que han pasado por alli. Mas de setecientos.

En todo este tiempo han hecho una preseleccion de seis que podrian dar el perfil. Pero tras una tercera prueba, han sido descartados. Ya no queda ninguno de los preseleccionados. Lo que quiere decir que estan empezando de nuevo.

Nada. No tenemos nada. Y todos los demas paises ya han iniciado el proyecto.

Sabia bien que los responsables de Bruselas estaban a punto de darle una patada en el culo. Y no le gustaba. Todo lo que habia hecho en su vida antes era sentarse delante de un libro. A absorber ideas de otros, sobre todo. Se le daba mejor repetir que crear. Por eso cuando le habian propuesto formar parte del proyecto Reina Roja habia saltado dentro de la oportunidad con los ojos cerrados. Ahora se estaba dando un chapuzon increible dentro de su propio fracaso.

El 793 duro en la prueba casi media hora. Por supuesto, se rindio al final, la plataforma petrolifera se hundio y murieron todos. Ese era el intringulis. Hiciese lo que hiciese, respondiese lo que respondiese, el candidato no podia ganar. El software que generaba las preguntas seguiria lanzando desafios y problemas al escenario, hasta que la persona se diese por vencida o cometiese un error.

—No ha dado mala puntuacion —dijo la asistente.

Un destello de esperanza…

—¿Habria sido seleccionado?

—Uuuuy… casi en la zona verde, pero no.

… que se apaga rapido. El hombre alto se frota los ojos de nuevo, suplicando paciencia.

—Que pase el 794.

La mujer es pequena. Fibrosa. No aparenta ser gran cosa hasta que sonrie al espejo, y entonces parece guapa. No una belleza, tampoco nos volvamos locos. Pero tiene algo.

—Buenos dias —dice el hombre alto, apretando el boton del interfono, que comunica la cabina con la sala de observacion—. Voy a plantearle una historia. Todas las respuestas que de seran validas para la puntuacion que usted obtenga en nuestro estudio. Le rogamos que se esfuerce al maximo, ¿de acuerdo?

La mujer no responde.

—¿Me ha escuchado? Creo que hay problema con el interfono —dice el hombre alto, sin darse cuenta de que no ha soltado el boton.

—Le escucho muy bien. Estaba esforzandome al maximo —dice la mujer.

El hombre alto sonrie, aunque aun no lo sepa, es la primera de las muchas veces que querra matar a esa mujer.

—Esta bien, comencemos —dice, empezando a leer el texto que va apareciendo en la pantalla, y cuyo principio, despues de una semana casi conoce de memoria—. Es usted la capitana de la plataforma petrolifera Kobayashi Maru, situada en alta mar. Es de noche y esta usted disfrutando de un placido sueno. De pronto su asistente le despierta en mitad de la noche. Las luces de emergencia estan encendidas, la alarma sonando. Hay una alerta de colision. Un petrolero se dirige hacia ustedes.

—¿Donde esta situada la plataforma? —pregunta la mujer.

—En mitad del mar, lejos de toda ayuda.

—Necesito la localizacion exacta.

—La localizacion exacta es irrelevante.

—Yo la necesito —insiste la mujer.

—Hay un petrolero que se dirige hacia usted. A bordo lleva trescientas mil toneladas de crudo. ¿Cual es su primera reaccion?

—Sacar una carta nautica y ubicar la localizacion exacta de mi plataforma.

El hombre alto esta desconcertado. Nadie habia dado esa respuesta antes.

—Senorita —dice el hombre alto, intentando que la exasperacion no se le note en la voz—. ¿Puedo preguntar por que ese empeno sobre un dato irrelevante?

Antonia parpadea varias veces, y abre las manos, como si la pregunta se respondiese sola.

—Para encontrar cualquier solucion hay que saber donde estas respecto al problema.

El hombre alto se vuelve hacia la asistente.

—Preguntale al software la localizacion de la plataforma.

—83 grados 44 minutos Norte, 64 grados 35 minutos Oeste —responde, tras un breve tecleo.

El hombre alto repite la localizacion, a traves del interfono.

—Bien, ahora que conoce su localizacion exacta, ¿cual es su segunda reaccion? Le recuerdo que el tiempo de reaccion es esencial para salvar las vidas de las personas a su cargo.

La mujer se queda pensativa durante unos segundos.

—Miro un calendario.

El hombre alto suelta un resoplido de incredulidad por la nariz. Tan fuerte, que los papeles que hay frente a el se agitan.

—Porque ademas del donde hay que buscar el cuando, ¿no? —dice, sin llegar a apretar el boton del interfono.

La asistente ha vuelto a teclear y le muestra la fecha en la pantalla al hombre alto.

—Segun su calendario es 23 de enero de 2013. ¿Cual es su curso de accion, senorita?

—Me vuelvo a la cama.

—Disculpe, creo que no la he entendido bien.

—Me vuelvo a la cama —insiste la mujer—. La localizacion de la plataforma que me ha dado esta, a ojo, en pleno oceano Artico. Teniendo en cuenta la latitud y la fecha, el mar esta completamente congelado, asi que el petrolero no podra acercarse a mucha velocidad. ¿Hemos concluido el experimento?

Aturdido, el hombre alto apaga el interfono y se vuelve a la asistente, que ha terminado de introducir los datos en el programa.

—Ha sacado la maxima puntuacion —dice, boquiabierta—. Segun los desarrolladores, solo una persona de cada siete millones daria una respuesta asi.

—¿Quien cono es esta mujer?

La asistente busca entre sus papeles.

—Candidata 794: Antonia Scott.

—Un apellido curioso.

—Nacio en Barcelona, hija unica. En profesion del padre ha puesto «Cuerpo diplomatico». Es todo lo que ha marcado en el formulario.

La voz de la mujer suena a traves de los altavoces.

—¿Hola? ¿Puedo irme ya?

—Espere un momento, si es tan amable. Estamos evaluando los resultados —dice, apresurado el hombre alto, antes de soltar de nuevo el boton—. ¿No tienes nada mas?

—Del formulario que ella ha rellenado, no. Dejame consultar nuestra propia prospeccion. Veamos… Ha venido por insistencia de un amigo, que no queria hacer el «ensayo» solo. Esta en paro. Novio guapo. Estudio Filologia Hispanica. Un expediente academico bastante mediocre, la verdad. Nota media, seis.

Es una decepcion para el hombre alto, despues de tantos candidatos con un expediente academico brillante como han pasado por alli.

—De hecho, ha sacado un seis en todas las asignaturas de la carrera —dice la asistente, tras una busqueda en el ordenador.

Al oir aquello, el hombre alto se queda parado un instante y luego se echa a reir.

—Claro. Claro —dice, dandose una palmada en la rodilla.

—¿Que es lo que te parece tan divertido?

—¿Sabes que es lo unico mas dificil que acertar todos los numeros del Euromillones?

—La verdad es que nunca juego. La mejor loteria es el trabajo y la economia.

El hombre alto esta tan excitado que incluso olvida enfurecerse ante aquella frase, indigna incluso de una taza de Mister Wonderful.

—Lo unico mas dificil que acertar todos los numeros del Euromillones es fallarlos todos.

—No veo la relacion —dice la asistente, con cara de extraneza.

—¿Sabes lo dificil que es sacar la misma nota, exacta, en todos los examenes de una carrera? ¿Teniendo examenes tipo test, orales, de preguntas y respuestas, de desarrollo? ¿Con tantos profesores distintos, evaluando subjetivamente? Sacar todas las veces un seis es mucho mas complejo que sacar matricula de honor.

La asistente abre mucho los ojos y pone boca de chupar limones.

—Oh. Oh. —Y, de nuevo—. Oh.

—Exacto. Ahi delante tienes a alguien que lleva toda la vida esforzandose mucho para esconderse a plena vista.

El hombre alto acaricia el rostro de la mujer a traves del espejo, como el que llama a los abstraidos peces tocando el cristal del acuario.

Pero yo te he encontrado, senorita Scott.

12. Un poco de envidia

12

Un poco de envidia

—¿Como lo supo? —pregunta Jon—. ¿Como supo que era ella?

Mentor apaga el cigarro con un golpe seco.

—Me temo que no puedo revelarle eso. Pero Espana tenia a su Reina Roja, y no una cualquiera.

—¿A que se refiere?

—Supongo que se habra dado cuenta de que Antonia es peculiar.

—Peculiar es un eufemismo. Seria sencillo confundir su comportamiento con locura o estupidez.

—Seria equivocado. La verdad es bien distinta. Antonia Scott es el ser humano mas inteligente del planeta.

Jon resopla, incredulo. Una cosa es dar por hecho que has ido a pasear en el coche a una chalada disfuncional, y otra descubrir que estabas en presencia de un genio, sin saberlo. ¿Que dice eso de uno mismo?

—Repita eso, hagame el favor —dice, cruzandose de brazos.

—El ser humano mas inteligente del planeta. Que sepamos —se cuida en salud Mentor—. Igual hay un pastor de cabras en Bangladesh con un CI de doscientos cuarenta y tres. Uno nunca puede estar seguro del todo. Por lo pronto, el ser humano con el cociente intelectual mas alto registrado es Antonia Scott. Podria estar trabajando para la NASA, dirigiendo el pais o cualquier cosa que ella quisiera. Y en lugar de eso la convenci de trabajar para mi.

—Hasta que se largo, ¿no? —dispara, a mala uva, el inspector.

Una sombra espesa y fugaz atraviesa los ojos de Mentor.

—Al principio todo fue bien. Antonia supero un entrenamiento duro para ella y costoso para nosotros. Participo en once casos, y resolvio diez de ellos.

—¿Alguno que yo conozca?

—La razon de ser del proyecto es encargarse de casos importantes de forma quirurgica. Sin titulares. Cuando acabamos, nos hacemos a un lado.

—¿Y algun policia anonimo registra una detencion?

—Algo parecido. El caso es que Antonia consiguio los mejores resultados de todo el proyecto. Y hace tres anos todo se fue a la mierda.

—¿Que fue lo que lo jodio?

—Lo que lo jode todo siempre. El amor verdadero.

Jon, que tiene el culo pelado en cuestiones romanticas, que busca con regularidad pasmosa alguien a quien poner a su nombre todas las olas del mar —van seis en nueve anos—, se incorpora en la silla como un resorte.

—Lo del marido, ¿no? Cuente, cuente.

Mentor se da un par de golpecitos en la barbilla, pensativo. Niega con la cabeza.

—Traicionaria su confianza si lo hiciese.

Jon se derrumba de nuevo en la silla, con los hombros hundidos por la decepcion.

—Menudo narrador, se guarda lo mejor de la historia.

—Ya se lo contara ella mas adelante. Si lo cree oportuno.

Hay que reconocer que el cabron tiene confianza en si mismo, piensa Jon.

—Supone usted que querra volver. Ya le he dicho que ha sido muy clara. Solo esta noche.

La sonrisa de suficiencia de Mentor ondea, tremula.

—Eso no seria bueno.

—¿Para el caso o para usted?

—He recibido muchas presiones en estos tres anos —admite Mentor—. Ha habido amenazas a la seguridad muy graves en Espana para las que hemos hecho falta, y no hemos podido ayudar. Desde que ella se fue, hemos estado atascados.

—¿No intentaron

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