Carla

Carla

Carla

Con un ultimo tiron, la baldosa cae en su mano.

Los dedos indice y corazon de Carla sangran profusamente, sus unas estan astilladas y rotas, pero ha conseguido soltar la baldosa.

La sostiene con la mano izquierda mientras se chupa los dedos de la derecha, escupiendo sangre, trozos de unas y arena. Carla no puede ver la expresion de su rostro, la fiereza animal, primaria que desprende cuando por fin se hace con ese cuadrado de ceramica de diez por diez.

Intentando ignorar el sufrimiento y la grima que le producen las yemas de los dedos en carne viva, Carla se quita el vestido. Envuelve cuidadosamente la baldosa en la falda, y despues coloca la baldosa envuelta, con las esquinas hacia arriba, apoyada entre el suelo y la pared.

Ha estado pensando en este momento durante horas, visualizando cada detalle de lo que iba a hacer, de manera que no cometiera ningun error, hasta que el recuerdo ha alcanzado una cualidad casi fisica.

Tiene que darle un golpe con el canto de la mano. Un golpe seco, justo en el centro. No puede mellar la esquinas simplemente, o que se parta de una forma muy irregular.

Tiene que ser perfecto. Un golpe preciso, a ciegas en la oscuridad.

Traza el recorrido varias veces.

Suavemente. Luego hazlo.

Carla obedece a la Otra Carla, quien cada vez parece tomar mayor control de la situacion, hasta el punto de que Carla siente que esta a punto de pasar al asiento del copiloto. No le importa. Haria cualquier cosa por salir de ahi, por estrangular a Sandra con sus propias manos.

Piensa en ella cuando su mano impacta con la baldosa. Siente un crujido suave bajo el vestido.

La tela ha cumplido su funcion, que no se oiga como se parte la ceramica. Ahora desenvuelve el paquete con miedo a haberla destrozado. Esa baldosa es lo mas importante que hay ahora mismo en su vida.

Varios trozos minusculos caen del vestido, otros se escurren por la tela. Carla, a ciegas, rebusca entre ellos con angustia. Si la baldosa se ha convertido en migajas, todo su esfuerzo de las ultimas horas sera inutil.

Y moriras. Sabes que tu padre

no va a ayudarte, ¿verdad?

Puede que le haya llevado tiempo… Al fin y al cabo es una decision muy importante.

Si fuera Mario el que

estuviera aqui y tu tuvieras que

prender fuego a la empresa,

¿que harias?

Aun tiene tiempo. Aun puede hacerlo. Aun puede demostrar que

¿Que le importas mas que su imperio?

Estupida vaca. No va a hacerlo.

Te ha abandonado. Tienes que pelear

por ti. ¡No puedes contar con nadie!

Carla da un paso mas hacia atras, cede un poco mas el control a la Otra Carla. Hurga en el vestido, que se ha desgarrado al partir la baldosa, y encuentra entre los pedazos una mitad casi perfecta.

Se aferra a ella con un instinto feral. Ni siquiera se vuelve a poner el vestido, tan solo se dirige de nuevo a la pared sobre el sumidero y comienza a introducir la punta de su improvisada herramienta entre la lechada y la siguiente baldosa. Ahora avanza mucho mas deprisa, y al menos no siente dolor en los dedos. Esta vez tarda menos de una hora en conseguir desprender la segunda.

La recoge con mucho cuidado, no quiere alertar a sus captores de lo que esta haciendo. Tiene el oido atento a cualquier sonido que provenga del exterior.

Es entonces cuando escucha el llanto, al otro lado del muro. Es un nino, un nino pequeno. Suena como…

¡Mario!

Carla va a levantarse, va a gritar que esta aqui, que es mama, que todo va a ir bien, pero la voz la detiene.

No es mas que un truco.

Ahi al otro lado del muro

no hay ningun nino.

Carla duda, pero finalmente comprende que es producto de su imaginacion. No puede haber un nino de cuatro anos al otro lado del muro. Y si lo hubiera, no puede ser su hijo. Solo es otro truco de Sandra para torturarla.

Asi que obedece el impulso de la Otra Carla. Cuidar de si misma. Nada mas.

Deposita la segunda baldosa sobre el vestido, y regresa a la esquina.

Necesitara al menos diez baldosas mas.

Y no tiene suficiente tiempo. Sabe que es un plan condenado al fracaso, pero esta dispuesta a luchar. La Otra Carla le ha mostrado una verdad irrebatible: La vida no es nada. Solo un fogonazo entre dos negruras infinitas.

Pero ella va a aprovechar hasta el ultimo de los instantes de ese fogonazo.

7. Una penitencia

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Una penitencia

La unica manera de poder ganar una partida es comprender las reglas del juego.

Desde que comenzaron a jugar el juego de Ezequiel, todo ha sido murr-ma. Caminar dentro del agua buscando algo con los pies.

Ahora el juego empieza a estar claro, piensa Antonia.

Nicolas Fajardo, un policia nacional con una hoja de servicios mediocre, entra en el cuerpo en 1996. No tiene estudios superiores, y, segun una evaluacion psicologica tras un altercado, «no tiene grandes habilidades sociales», asi que no se recomienda que participe en actividades cara al publico.

Si estuviera aqui Jon, diria que es un eufemismo, piensa Antonia. Le echa de menos. Pero ese es un sentimiento peligroso.

El psicologo incluso se asombra de que Fajardo haya aprobado los test de la academia. Antonia no. Determinados trastornos mentales tienen un proceso gradual, insidioso, y Fajardo ademas tendra habilidad para ocultar sus rarezas. Al menos en situaciones sencillas. Pero cuando las cosas se complican, se desvela lo que hay debajo. Y sus superiores se mosquean. No saben que hacer con el, porque para eso es funcionario.

No obstante, Fajardo ha estado en el ejercito. Dos misiones en Bosnia, en 1993 y 1994. Experiencia con explosivos.

Asi que le meten en la unidad NBQ.

Es perfecto. Entrando y saliendo de tuneles para que no le pongan bombas a los politicos, no tendra que ayudar a ancianas a cruzar la calle. Solo se arrastrara por agujeros oscuros, como la rata que los cuatro companeros se tatuan en el brazo.

Las cosas le sonrien a Fajardo, como prueba la escasez de anotaciones en el expediente. Salvo las personales. Un permiso de quince dias por enlace matrimonial, en 1997. Una baja por paternidad de otros quince, en 1998. Una baja por defuncion de una semana, en 2007. Entre parentesis, esposa.

No dice la causa de la muerte. Pero Antonia puede sacar sus propias conclusiones. Porque desde 2006, se repiten las evaluaciones psicologicas. Los terapeutas siempre hacen la misma valoracion, muy probablemente porque el interesado ni siquiera se presentara a las sesiones: estres. Solo uno de ellos, en 2008, se atreve a profundizar mas en las raices de su conducta, y su informe es devastador.

El paciente narra haber crecido en una familia de clase media baja, con un padre violento y cruel. Afirma haber sido abusado, sin aclarar si sufrio abusos sexuales, sin embargo su discurso si menciona graves castigos fisicos. Segun las pruebas realizadas, detalladas en la evaluacion, su desarrollo afectivo y su personalidad estan profundamente afectados probablemente por el entorno toxico en el que afirma haberse criado. Su salida profesional fue el ejercito, donde las situaciones de estres empeoraron su TEPT. A pesar de ser altamente funcional por imitacion, el paciente carece de habilidades sociales basicas, o de estrategias reales de afrontamiento. El trabajo diario ha agravado los trastornos derivados de su TEPT. Recomendamos su baja inmediata del servicio activo.

Tenemos suerte de que le dieran por muerto, o nunca habriamos tenido esta informacion, porque jamas habria salido del cajon del psicologo.

Y probablemente nunca lo hizo. Porque Fajardo siguio trabajando. Con decenas de miles de plazas vacantes sin cubrir en Espana, muchas mas durante la crisis economica, alguien decidio que no se podia prescindir de Fajardo. Total, su trabajo no era muy distinto del de esos perros de aeropuerto que se sientan frente a las maletas si huelen un explosivo. Asi que le fueron poniendo parches. Risperidona. Olanzapina. Ziprasidona.

Asi fue tirando.

Un dia, hace dos anos, ocurrio algo.

Sandra Fajardo fingio su suicidio.

Antonia intenta imaginar como seria la relacion de Fajardo y de su hija. Una nina que crece sin madre, un adulto con gravisimos problemas psicologicos y sin mas compania femenina, que ha sufrido graves abusos en la infancia.

Como seria esa nina con diez anos. Con once.

Con trece y catorce, cuando su cuerpo cambiase.

Mientras los jefes de Fajardo miran para otro lado, sabiendo que ese hombre es una bomba de relojeria mucho mas peligrosa que aquellas que busca bajo el subsuelo.

Antonia se pregunta como seria la vida de esas dos personas.

¿Quien puede saber lo que ocurre tras puertas cerradas, en los salones y en los dormitorios? ¿Quien puede saber lo que pasa entre dos personas, dia tras dia, ano tras ano, en un millar de madrugadas?

Ella no lo sabe. Pero ha confirmado con esa llamada de telefono lo que ya habia intuido. En el instante en el que supo que la huella dactilar del volante del taxi pertenecia a Nicolas Fajardo, dedujo que el no era Ezequiel. Dedujo que Parra y sus hombres estaban en peligro.

Antonia no sabe lo que paso entre Sandra y su padre, pero cree saberlo. Cree que la parte mas debil se adapto y evoluciono hasta convertirse en la parte mas poderosa. Primero tuvo que sufrir, que recibir mucho dolor, hasta que aprendio a dominar al que se lo causaba. Y despues, un dia, decidio que habia llegado la hora de causarselo a otros.

Era Sandra quien, de nina, habia pagado los pecados del padre de Nicolas. Era Sandra quien habia crecido y quien estaba ahora dispuesta a hacerselos pagar a otros. A imponerles penitencias imposibles de cumplir, como habia hecho con Laura Trueba y Ramon Ortiz.

Obligarles a renunciar a lo que eran, a si mismos, a lo que les definia. Al exito.

Como habia hecho con la propia Antonia, dandole aquella eleccion imposible.

Para salvar la vida de su hijo, tiene que dejar ganar a Sandra.

Tiene que quedarse quieta durante diez horas y media mas. Abandonar a Carla Ortiz a merced de la decision que tome su padre, sea cual sea la penitencia que a el le haya impuesto Ezequiel, que Antonia esta segura de que no cumplira.

Y Jorge vivira. Una vida por otra. Una vida por limitarse a hacer lo mismo que ha estado haciendo los tres ultimos anos: nada.

No, piensa Antonia. Eso no va a ocurrir.

No me fio de esa zorra. No voy a permitir que mi hijo pase un segundo mas del necesario en sus manos. No voy a permitir que el hijo de Carla Ortiz no vuelva a ver a su madre.

No pienso abandonarla.

Seria como abandonarse a si misma.

Antonia siente una punzada extrana. No deja de tener gracia que ella, a quien le parecio monstruosa la decision de Laura Trueba —que le habia costado la vida a su hijo—, este en la misma situacion y este tomando identica decision.

Va a ser verdad que estoy empezando a entender la ironia, se sorprende Antonia.

Es cierto. A veces el amor nos lleva a sitios complejos. Pero nunca podemos renunciar a nosotros mismos.

Piensa en aquella muchacha de la tienda de tatuaje, en como cuida a su padre de forma incondicional. Pero no habia renunciado a ser ella. Cualquier otra en su situacion no les hubiera dejado acercarse a su padre, hubiera primado el amor por encima de hacer lo correcto. Y, sin embargo, ella insistio, obligo a su padre a prestarles atencion, a quitar la vista de aquella pelicula…

Entonces el rayo la golpea.

—Kirk Douglas —dice Antonia, en voz alta—. ¡El punetero Kirk Douglas!

—¿Que dices, corazon? —dice la camarera, con acento de La Habana.

Antonia ni siquiera llega a oirla. Porque sus pies acaban de encontrar en el fondo arenoso bajo el agua (¡murr-ma!) una pieza del puzzle que ni siquiera sabian que estaban buscando.

Y de pronto sabe como puede derrotar a Ezequiel.

Mira el reloj. No tiene mucho tiempo para prepararse.

Tendre que encontrar el camino. Y tendre que hacer dos llamadas.

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