Carla P Classwhite2 P

Carla

Carla

Carla vuelve a llorar, pero esta vez es de rabia y de vergüenza por haber sido enganada. Siente la necesidad imperiosa de vomitar, de expulsar de si todo lo que ella creia que era Sandra, su companera de cautiverio, para poder hacer hueco a la furia que la invade, que le hace hormiguear la piel y le inflama el cuello y la frente y las orejas. Aprieta los punos, imaginando que es el cuello de Sandra lo que retuerce entre ellos, en lugar de aire. Aprieta el pie, imaginando que es el craneo de Sandra lo que esta aplastando, en lugar de la puerta…

Espera.

La puerta ha cedido un poco.

Vuelve a presionar de nuevo con el pie, pero la puerta solo cede un par de milimetros, no mas.

Cuando Sandra cerro la puerta, esta no cayo exactamente en su sitio. Esta un poco desplazada, nada mas. Lo suficiente para que no encaje del todo en el marco. Ha dejado un pequeno hueco insignificante.

Carla se revuelve, con frustracion. Entonces la voz le habla.

Hay algo que podrias hacer.

Solo tienes que escucharme.

Y Carla escucha.

La percibe mas fuerte que nunca. Sabe que la voz es su unica amiga. Siempre lo ha sido. Y sabe otra cosa. Sabe quien es. Es la Otra Carla. La Otra Carla es mas fuerte, es mas decidida, sabe perfectamente lo que tiene que hacer. La Otra Carla no pide permiso, la Otra Carla actua.

Y ella va a actuar tambien.

Se dirige hacia la esquina del sumidero, donde la humedad ha debilitado la lechada, donde una baldosa se movia. Tampoco mucho, apenas lo suficiente para introducir el dedo debajo.

Carla mete el indice entre la baldosa y la pared —sin pensar en lo que se puede arrastrar al otro lado, en que patas, en que aguijones—, y nota como el cemento cede, se desmigaja. No mucho, unos pocos granos. Solo unos pocos granos.

Piensa en su padre. Cuando le preguntan como comenzo su imperio, dice: vendiendo tres camisas.

Carla comienza a rascar con el dedo. Unos pocos granos cada vez.

32. Un rostro amable

32

Un rostro amable

La mujer de recepcion —Megan es su nombre— esta enfrascada en una novela romantica. Lee mucho para soportar el tedio de las horas muertas. Uno de los escasos beneficios de su mal pagado trabajo.

Unos dedos de manicura perfecta repiquetean sobre el cristal de la puerta. Es una mujer, bien vestida y sonriente. Tiene un rostro amable.

Megan aprieta el boton electronico de apertura sin dudarlo. Nadie desconfiaria de un rostro amable como ese.

Cuando la mujer de rostro amable cruza la puerta, Megan deja a un lado la novela con cierto fastidio. Esta deseando saber si la heroina lograra reconciliarse con el amor de su vida, a pesar de ser del malvado clan rival de los MacKeltar. En la portada se ve a la heroina de espaldas. Poco importa, el protagonismo lo ocupa un hombre de pecho descubierto y falda de cuadros escoceses. Los abdominales de ensueno y los pectorales labrados en marmol no parecen propios de las Tierras Altas en el siglo XIII, pero (bom chicka wah wah!) a quien le importa.

—Buenos dias. Bienvenida al colegio Hastings. ¿En que puedo ayudarla?

La mujer se aproxima a ella. Tiene una mano a la espalda. Esta sonriendo.

Ahora que Megan la ve mas de cerca, su rostro no parece tan amable.

TERCERA PARTE. ANTONIA

TERCERA PARTE

ANTONIA

Adios, sombras queridas;

adios, sombras odiadas.

Yo nada temo en el mundo

que ya la muerte me tarda.

ROSALIA DE CASTRO

Autor