Alido De La Academia Verde Como Una Aceit

alido de la academia, verde como una aceituna pero con los huevos de titanio.

Esta Cervera, el mas macarra, tocandose la nariz y frotandose las encias. Se ha metido un tiro antes de entrar, y eso a Parra le parece mal, muy mal. Ser policia es una cosa seria. Duda de si hablar con el y decirle que se quede fuera, pero seria malo para la moral de los demas. Luego le echara una buena bronca. Las cosas hay que hacerlas bien.

Y por supuesto esta el cabo Sanjuan, su segundo, su mano derecha. Siempre pisando su sombra. Su lameculos.

Insultan, rien, mastican chicle, dan patadas en el suelo. Vuelven a insultarse. Es su idioma secreto. Codigo que enmascara el amor que se tienen unos a otros.

Los quiere a rabiar. A todos. Son sus chicos, joder. Su familia. Carne de su carne, sangre de su sangre. Daria la vida por ellos, y ellos por el.

Todos le miran, expectantes. Esperando a que de la orden.

Es pronto aun. Quiere asegurarse de que no hay nada de que preocuparse. Tiene a Sixto, el octavo en discordia, dando un paseo alrededor de la manzana. Se ha traido al perro de casa y todo. Solo un hombre normal, dando un paseo a su labrador al final de la jornada. Vestido normal. Pantalon corto, tenis. Camiseta. Lo que corresponde a un barrio obrero como Lucero.

Sixto tardara unos diez o quince minutos en dar la vuelta a la manzana, San Fulgencio arriba, doblar dos esquinas, San Canuto abajo, y otra vez en la furgo. En cuanto les confirme que todo esta bien, lanzaran el operativo.

Intenta pensar en una frase gloriosa, inspiradora, que decirles antes de bajar de la furgoneta.

No se le ocurre ninguna.

Ya veras tu como me viene a la cabeza esta noche, piensa, resignado. Lo que yo te diga. Las mejores frases

Carla

Carla

Carla llama a Sandra cada poco rato. Al principio solo susurra. Dice su nombre, cuenta hasta treinta, vuelve a llamarla.

Poco a poco va subiendo el tono, llevada por la angustia, hasta que al final esta gritando, llamandola a voces, dando palmadas en la pared. Pero lo unico que obtiene son tres golpes en la puerta de metal, que estallan en sus timpanos y la empujan, hecha un ovillo de mocos, miedo y lagrimas, a la esquina contraria de la celda.

No han pasado mas que unos segundos, o quizas unas horas, cuando Sandra responde.

—Te he dicho que no quiere que hablemos. Has conseguido enfadarle.

Ahora es Carla quien no responde. Sigue sollozando, con las piernas encogidas y las manos cubriendole el rostro.

Los nuevos limites del castillo: la distancia entre sus brazos y su pecho. En esos pocos centimetros encuentra consuelo.

—Ahora se ha marchado —dice Sandra—. Pero cuando te avise de que vuelve, tienes que callarte. Son las normas.

Carla se limpia los ojos con los pulpejos de las manos, se sorbe los mocos.

—No me importa. Que me mate ya, y acabamos de una vez.

—Suponia que dirias eso.

Carla se estira del vestido, que se le ha hecho un siete, se recompone la tira del sujetador.

—¿A que te refieres?

Sandra duda un momento.

—Bueno, porque eres tu.

—¿Como que yo? ¿Quien soy yo? —contesta Carla, agresiva.

Al otro lado del muro hay un silencio molesto.

—¿Sandra?

—Si me vas a contestar asi, sera mejor que no hablemos. Ya tengo bastantes problemas.

No me lo puedo creer. Estamos en manos de un puto psicopata y la tipa esta se preocupa por mi tono de voz, piensa Carla.

Pero no lo dice. Porque no quiere enemistarse con Sandra. No quiere estar sola. Se da cuenta de que ahora mismo es su mayor terror. Morir sola, en la oscuridad.

Puede que Sandra no sea muy inteligente, y puede que este completamente desbordada por lo que esta sucediendo.

Joder, yo tambien lo estoy.

Pero ahora mismo es lo unico que tiene.

—Siento que te haya molestado mi tono.

—Esta bien —responde Sandra, al cabo de un rato—. Supongo que es lo normal.

—¿A que refieres?

—Alguien como tu no esta acostumbrada a pedir disculpas. Por ser rica, y eso.

Carla respira hondo.

—¿Te lo ha dicho el?

Son buenas noticias. Si Ezequiel sabe quien es ella, eso es porque quiere algo. Algo que no tiene que ver con su cuerpo.

—Me ha comparado contigo. Me ha dicho que tu si eres importante. Quizas por eso no ha entrado aun ahi. Para eso me tiene a mi.

Carla traga saliva, despacio, eligiendo sus palabras con mucho cuidado.

—Sandra, yo…

Se detiene. No se puede contestar a lo que Sandra le acaba de decir. Es, sencillamente, imposible.

Porque es lo que ella piensa.

Porque es verdad.

Carla es la heredera del hombre mas rico del mundo.

Sandra conduce un taxi.

Puede que en Twitter algun indignado pueda afirmar con un minimo de criterio que las vidas de ambas valen lo mismo, pero aqui, en la madriguera de un asesino, encerradas en la oscuridad, esa afirmacion es insostenible.

—Saldremos de aqui las dos, te lo prometo —dice Carla.

Ahora comprende la hostilidad pasivo agresiva de Sandra. Cuando Carla solo era una empleada comun y corriente, las dos eran victimas. Pero incluso en la madriguera de un asesino, hay victimas y victimas.

—No prometas cosas que no puedes cumplir. Supongo que a mi solo me quiere para usarme —dice Sandra—. Para ti… tiene pensada otra cosa.

Carla aguarda a que continue la frase, pero no lo hace.

En ese silencio, en ese territorio ignoto, viven dragones.

—¿Que tiene pensado, Sandra? Si lo sabes, tienes que decirmelo. Dimelo, Sandra —suplica Carla.

—Chisss. Calla. Ha vuelto, y esta enfadado. Creo que esta pasando algo —dice la taxista.

28. Un recuerdo

28

Un recuerdo

Antonia cierra los ojos.

No le cuesta mucho encontrar en su coleccion de palabras la que describe como se siente. Ajunsuaqq. En inuit quiere decir «morder el pez y encontrar dentro solo cenizas».

Despues de tantos esfuerzos, no le queda nada por lo que alegrarse ni sentirse orgullosa. Pero poco importa si de esa forma consiguen rescatar a Carla Ortiz.

Jon esta a su lado en un banco en la calle. Excepcionalmente callado. Le ha contado lo que le ha dicho Parra, y se ha limitado a asentir. Delante de ellos pasa gente, pero Antonia no presta atencion. Busca en las hemerotecas online la informacion que necesita. Es dificil encontrar algo, la noticia es un caso menor. Sin importancia.

Una explosion de gas en el subsuelo bajo la calle Narvaez. Una unica victima mortal. El oficial de policia Nicolas Fajardo. Una inspeccion de rutina. Fajardo no deja familiares conocidos.

Ni una sola mencion al suicidio.

¿Que habia sido lo otro que habia mencionado Jon? Una hija.

Esta cuesta algo menos encontrarla. Seis meses antes de la muerte de Nicolas Fajardo.

Accidente mortal en la M-30. Un coche impacta contra los pilotes del puente de la M-30. No hay marcas de frenos. La policia cree que se trata de un suicidio. La victima es una mujer de veinte anos que responde a las iniciales S. F.

Amplia las fotos. Los bomberos se afanan en torno al vehiculo siniestrado. No hay mucho que hacer. La mitad del coche ha desaparecido, comprimida y aplastada como una botella vacia. Hay que ir muy deprisa para golpearse tan fuerte.

Suena el telefono.

—Diga.

—Senora, soy Tomas.

Antonia parpadea, esta tan dentro de su cerebro en este momento que tiene que vadear con fuerza para ajustarse a la realidad del mundo exterior. Entonces recuerda. Tomas. El vigilante de seguridad de La Finca.

—Nos dejaron sus telefonos el otro dia por si recordabamos algo. He estado llamando antes a su companero pero comunicaba, asi que he decidido probar con usted.

Ella hace un ruido de aquiescencia, un aja o un ujum, porque sigue concentrada en la fotografia del accidente. En algo que no termina de encajar del todo. Algo que deberia estar viendo y no es capaz de ver.

—El caso es que hoy cuando ha empezado el turno —continua Tomas— estabamos hablando Gabriel y yo, y de pronto ha venido un taxi a recoger a alguien. Esta vez nos hemos fijado mas, ya sabe, desde lo que paso miramos muy bien dentro de los taxis, no les dejamos pasar sin mas.

Otro aja.

—Y vera, lo que son las cosas, la taxista era una mujer, que hoy en dia es muy normal, es algo en lo que ya te fijas menos, hace cinco anos era impensable, parece solo un trabajo de hombres, porque hay que ir a sitios y recoger a desconocidos en plena noche… el caso es que Gabriel y yo nos fijamos y de pronto nos acordamos, los dos a la vez. ¿No le parece maravilloso como funciona el coco? No te acuerdas de nada, tu companero tampoco, y de pronto pum, ahi lo tienes, los dos a la vez, recordando lo mismo. Debe de ser una de esas asociaciones de ideas. Rojo es sangre. Morado es fruta. Justamente le estaba diciendo a Gabriel que…

Antonia consigue interrumpirle.

—¿Que es lo que recordaron, Tomas?

El vigilante se aclara la garganta.

—Vera, es que el taxista era una mujer.

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