A Llamaron Mag

a llamaron Magerit, que significa «lugar abundante en aguas». Habia decenas de arroyos, riachuelos y pantanos. Y por debajo de ellos, un acuifero formado hace diez millones de anos, con mas de 2.600 kilometros cuadrados de extension, y 3.000 metros de profundidad en algunos puntos.

Sobre agua edificada.

Antonia desemboca por fin en el colector de aguas, un espacio abierto a tres alturas en el que convergen siete tuneles medianos en una enorme canalizacion inferior. A medida que el haz de luz de la linterna va recorriendo las gigantescas bocas de hormigon que vomitan un liquido barroso, Antonia se alegra enormemente de no ser capaz de oler nada. Los desechos y la suciedad se acumulan por todas partes. Una masa informe de toallitas humedas se acumula en la reja que divide en dos el tunel principal.

No hay mas indicaciones en el plano.

Antonia mira el reloj. Pasan de las cuatro de la manana.

Esta perdiendo demasiado tiempo. Y no es lo unico que esta perdido.

Hay siete tuneles frente a ella, y tiene que descartar, eliminar, conseguir avanzar. No puede recorrerlos todos.

Tengo que estar a menos de quinientos metros, piensa. Pero cualquier desvio incorrecto que tome ahora puede ser fatal.

Invoca en su mente un mapa mental de los lugares que ha recorrido, intentando encontrar el trazado que sirva para orientarse, pero no lo consigue.

Su mente esta demasiado llena, esta demasiado tensa, y esta acusando la escasez de oxigeno y el cansancio.

Antonia se lleva la mano al bolsillo, donde la cajita metalica guarda su ultima capsula roja. Tiene que elegir. Si se la toma ahora, para encontrar el camino, puede que su efecto haya pasado cuando llegue a su destino.

Cuarenta minutos de claridad, y luego… se acabo.

Vuelve a mirar el reloj.

No se por donde continuar. Y no puedo explorarlos todos.

Si no tomo la capsula, no llegare a tiempo.

Si la tomo, y consigo llegar a tiempo…

No llegara en condiciones de enfrentarse a Sandra Fajardo y a su padre. Lo sabe.

Antonia se sienta en el suelo, entre charcos nauseabundos, y se mete la capsula bajo la lengua.

Solo esta vez. Sera la ultima, piensa. Muerde la capsula.

Luego cuenta desde diez hasta cero, mientras desciende los escalones hacia la cordura.

Carla

Carla

La geometria es algo maravilloso.

Carla nunca saco buenas notas en las asignaturas de ciencias. Esforzarse, se esforzaba. A papa le importaban mucho, y ella se esforzaba. Pero no se le daba bien. Sin embargo, ya de adulta, tuvo que trabajar en un taller de confeccion de la empresa. Era parte de su formacion, que comenzo en una tienda doblando ropa durante meses, y concluyo con ella asumiendo la direccion de una de las ramas del negocio. Entretanto, en una de sus escalas hacia la cima, su padre la envio a un taller de costura.

No uno de los talleres que hay en el mundo real. El mundo en el que las personas reales quieren vestir bien por poco dinero. El mundo en el que su padre y ella —si, tambien ella— han hecho posible el deseo de esas personas reales, que a cambio les han convertido en millonarios sin hacer preguntas incomodas.

No, a ella Ramon la mando a uno de los talleres de Galicia. De los que se tienen para que aparezcan en la foto de la memoria anual, con trabajadores bien pagados y sonrientes.

En su segunda semana en el taller, a Carla la pusieron detras de la aguja de una de las poderosas maquinas de coser industriales, y le explicaron que debia hacer. Cuando la puso en marcha, movio imperceptiblemente el rodillo de alimentacion. Antes de que lograra pararla, la aguja habia zurcido un hilo de tela blanca a lo largo de diez metros de tela. En una espantosa diagonal.

—Una desviacion minuscula al principio de cualquier recta, y acabas muy lejos de donde debias estar —le habia dicho el oficial del taller.

Carla habia almacenado aquel conocimiento en el fondo de su memoria, creyendo que jamas le seria util.

Hasta ahora.

Ha desgarrado su vestido en tiras rectangulares, mas o menos del doble del tamano de las baldosas. No ha sido una tarea sencilla, en la oscuridad. Despues, envuelve la primera de las baldosas en ella, e intenta encajarla entre la puerta y el marco de la pared.

No entra.

Carla intenta empujar la puerta con la mano para ganar los milimetros que necesita, pero la puerta tampoco se mueve. Antes habia conseguido desplazarla un poco, pero sus musculos apenas responden despues de tantas horas encorvada, trabajando sobre las baldosas. Casi no le quedan fuerzas.

Si pudiera dormir un rato. Cerrar los ojos tan solo unos minutos.

Hazlo. Hazlo y no volveras

a abrirlos nunca.

Carla esta tan cansada, tan exhausta, que lo unico que siente es un aturdimiento enorme. Da otro paso atras en su propia mente, cediendo un poco mas de terreno a la Otra Carla. Es ella la que prueba a empujar la espalda contra la puerta para intentar desplazarla, pero las plantas de los pies descalzos y sucios resbalan en el suelo humedo. Finalmente da con la postura adecuada. Tumbada en el suelo, boca arriba, haciendo fuerza con las piernas en la pared, la palma de la mano derecha extendida sobre la puerta, la izquierda intentando encajar la baldosa.

Se mueve.

Encaja.

La puerta solo se ha desplazado unos milimetros hacia fuera, pero Carla lo celebra con alegria salvaje, sintiendo como una oleada de euforia asciende desde el final de su espalda hasta la nuca, un escalofrio de anticipacion. Es su mente premiandola, pero tambien es una trampa. No puede detenerse ahora.

La siguiente la coloca debajo. Con cuidado de no tirar la primera.

Cinco centimetros. Solo necesito cinco centimetros.

Si tan solo dispusiera de un poco mas de tiempo para arrancar mas baldosas

—Pero no lo tienes. Sigue trabajando.

Esta vez la Otra Carla ya no ha hablado dentro de su cabeza. Esta vez ha usado su voz, su garganta, sus cuerdas vocales. Carla se da cuenta de que ahora estan compartiendo el aire que respiran. Y de que si sigue respirando cuando salga el sol, quizas ya no quede nada de ella. De lo que era antes.

Si sigue respirando.

13. Un viaje

13

Un viaje

Ayudada por la capsula roja, Antonia ha estudiado las opciones durante largos minutos, y ha decidido que es uno de los caminos situados frente a ella el que debe tomar. Eso reduce las posibilidades a tan solo tres tuneles.

No le gusta la idea del camino del medio, ni le gusta la densidad del aire del de la izquierda, que le parece mas viciado y espeso. Ademas, hay ratas correteando en el ultimo: puede escuchar sus chillidos en la oscuridad.

Es buena senal. Las ratas respiran el mismo oxigeno que yo.

Toma el pasaje de la derecha.

El camino va ascendiendo lentamente, antes de torcer de forma brusca, doscientos metros mas adelante, bifurcandose en dos caminos diferentes. El agua que discurre por el fondo es mucho mas rapida, dificultando su avance. El de la derecha es impracticable, demasiado estrecho. El de la izquierda es mas pequeno que el principal, y debe caminar encorvada, pero logra salir a una nueva bifurcacion. Un espacio de un par de metros cuadrados, tan bajo que casi tiene que arrodillarse.

Es aqui, piensa Antonia. Aqui es donde murio Fajardo.

Los elementos de los que disponia Antonia para encontrar el lugar eran muy escasos. El informe de su muerte mencionaba «el final de un viaje de agua en desuso a trescientos metros del nudo colector numero 78».

Alli estaba.

Un qanat. Un viaje de agua, construido hace once siglos por los arabes. Metro noventa de alto, setenta centimetros de ancho, una canalizacion inferior. Una de los cientos de galerias olvidadas que excavaron en el subsuelo los moradores originales de la antigua Magerit.

Los qanat habian sido el principal medio de abastecimiento de agua de la ciudad hasta entrado el siglo XIX, cuando modernas tecnicas de construccion y materiales sustituyeron aquella obra faraonica. Mas de cien kilometros, horadados en el corazon de la tierra. Inutiles, olvidadas, aquellas maravillas arquitectonicas permanecian incolumes.

Segun el informe, el detector de gases del companero de Fajardo habia saltado cuando estaban inspeccionando el tunel anterior. Fajardo, que iba adelantado, no lo escucho, siguio internandose en el viaje de agua. Su companero lo llamo, pero era tarde. Una bolsa de metano se habia acumulado en la bifurcacion, desplazando el oxigeno del interior del qanat. El companero de Fajardo siguio llamando, y entonces ocurrio la explosion. Una parte del tunel se derrumbo. El companero fue a buscar ayuda. En aquel lugar tan estrecho, tardaron seis dias en recuperar el cuerpo de Fajardo.

Aun quedan restos de escombros en el exterior del qanat. La cinta policial se ha desprendido de un lado, y cuelga con desgana de uno solo de sus extremos.

Los tecnicos despejaron el tunel lo suficiente para sacar el cuerpo de su companero, aunque dejaron una gran cantidad de escombros en el interior.

Solo que no era el cuerpo de su companero lo que se llevaron, piensa Antonia mientras se arrastra sobre el tapon de escombros. Las piedras le laceran los antebrazos y las rodillas, pero logra pasar. Cuando emerge al otro lado, tosiendo y cubierta de polvo, esta cada vez mas segura de que su intuicion era correcta.

No tiene los detalles, pero sabe lo suficiente.

Fajardo engano a su companero. Cuando estuvo lo bastante lejos de su vista, hizo estallar una bomba. El metano por si solo no habria podido hacer caer tal cantidad de escombros del techo del qanat. Fajardo tuvo que anadir sus propios ingredientes a la ecuacion. Pero con la alarma de gases, y el testimonio de su companero, nadie investigo demasiado a fondo el accidente ocurrido a ese tipo solitario y problematico. Se limitaron a sacar el cuerpo.

Un cuerpo. Un cuerpo de complexion similar al de Fajardo, vestido con el uniforme de Fajardo, quemado y aplastado bajo media tonelada de escombros. Que nadie miro dos veces. Solo le dieron un entierro rapido y carpetazo al asunto.

Estaba delante de sus narices. Y no lo vieron.

Antonia comienza a comprender como funciona la mente de Ezequiel a estas alturas. Aun le faltan muchos detalles. No sabe con certeza como consiguio Sandra Fajardo fingir tambien su propia muerte, aunque tiene varias teorias posibles. No sabe tampoco de donde logro obtener Nicolas Fajardo el cadaver que hizo pasar por el suyo, aunque es algo muy sencillo para un policia.

¿Como lo haria yo? Probablemente en la morgue de la Policia Judicial. O mejor aun, en la Facultad de Medicina de la Complutense.

En su sotano se hacinan cientos de cadaveres sin control alguno, marionetas arrinconadas para los estudiantes. Antonia estuvo alli una vez, llevada por un caso complejo. Cientos de cuerpos, con las venas y las cavidades repletas de formol, con los miembros resecos asomando bajo las sabanas blancas. Miembros sueltos, cabezas cortadas de lenguas hinchadas, y toda clase de piezas que un dia fueron personas que dieron su carne a la ciencia para que otros vivieran en el futuro y hoy en dia yacen olvidados. Seria tan facil subir uno de ellos a una camilla…

Basta.

Todos esos detalles y procedimientos, por fascinantes que resulten, son ramificaciones que se extienden en su pensamiento, tentadoras, en las que no puede recrearse. De no hallarse bajo el menguante influjo de la capsula roja, la compleja mente de Antonia podria perderse en ellos durante horas. Pero no puede permitirselo.

El tiempo se agota.

Ahora lo unico importante es un donde. Pero tras comprender lo bastante del como, Antonia esta cada vez mas segura de haber acertado con el lugar donde se oculta Ezequiel.

Le gusta restregarnos por la cara que es mas lista que nosotros. Primero fue la matricula doblada del taxi, la que habia sacado de su propio coche siniestrado. Despues la trampa mortal que nos preparo en su antigua casa. Todo son circulos alrededor de aquello que conoce.

¿Y donde podria ocultarse durante meses alguien que esta muerto, alguien que no pudiese usar dinero ni firmar papeles? ¿Que lugar escogeria alguien acostumbrado a moverse como pez en el agua en el subsuelo, que conoce a la perfeccion cada uno de los secretos que yacen bajo la piel de Madrid?

La pista se la dio el traqueteo lejano que escucho en la pausa de la llamada.

La respuesta esta a menos de doscientos metros del lugar donde Fajardo fingio su muerte.

Antonia recorre el viaje de agua, consciente de que cada vez queda menos tiempo. Pero a pesar de ello se detiene, saca el movil y abre la aplicacion de Notas de Voz. Graba un mensaje, con voz fuerte y clara, antes de continuar.

Al final del qanat hay una puerta. Antigua. Hierro colado, con una rueda pesada como pomo. Antonia pone la mano en el manillar que acciona la rueda. Va a girarla, cuando un vistazo mas atento le permite apreciar algo que no deberia estar ahi.

Un cable electrico, de color negro. Camuflado tra

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